Una chispa entre un millón


magia

A raíz de la reciente convocatoria de nuestros relatos solidarios, me he parado a pensar en la cantidad de cuentos, libros, artículos y textos que caen en nuestras manos a lo largo de nuestra vida. Muchos de ellos nos gustan, otros muchos no, algunos nos dejan indiferentes y tan sólo unos pocos nos llegan directos al alma. De alguna forma especial conectan al instante con nosotros y nos atrapan, nos enganchan y se nos quedan para siempre en el corazón.

¿Qué tiene que tener un texto para llegar a provocar esos sentimientos en nosotros?, ¿se puede trabajar o aprender para llegar a tener ese don, o es algo innato que sólo poseen algunos afortunados? Ya hemos hablado otras veces sobre las técnicas de escritura, y cómo, trabajándolas, podemos llegar a poseer una buena técnica para convertirte en un gran escritor. Si además estas técnicas las adquirimos desde que somos tan sólo unos niños, las posibilidades de llegar a ser un buen escritor se multiplican por mil.

Pero hoy no hablamos únicamente de grandes escritores, hablamos de esa “chispa” que unos tienen y otros no y que hace emocionarse al lector. Puedes ser un reputado escritor y no tenerla o ser un escritor aficionado, desconocido para el gran público y tenerla. Por supuesto, una técnica depurada y una singular forma de crear, mezclar y esculpir las palabras, harán que un texto sea considerado como una gran obra, pero hay algo, casi mágico, que nos hace cruzar esa delgada línea entre lo correcto y lo soberbio, entre lo bonito y lo bello, entre simple lectura y emoción.

Cuántas veces nos hemos levantado pensando en cuándo podríamos tener un rato para poder avanzar en una historia que nos tenía enganchados, aprovechando cualquier momento libre para avanzar aunque fueran sólo dos páginas. Cuántas veces nos hemos metido tanto en un libro que nos parece estar dentro de él, que vives los sentimientos de los protagonistas como si fueran tuyos y cuántas, cuántas veces hemos sentido pena al leer la palabra “fin”. Eso sólo lo consiguen unos pocos, aquellos que son capaces de emocionarse también al contar una historia, al implicarse al hacerlo, al sentir cada palabra, aquellos que tienen esa “chispa” que no se puede tocar, comprar ni vender. Se tiene o no se tiene.

Y tú, ¿tienes esa chispa? No te quedes con la duda y ¡¡descúbrelo!!

Susana Martín

Periodista y bloguera

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